Mapamundistas

En la orilla

La infancia, la fusión
Antes de nacer, el niño estaba en contacto con el agua. Una vez entrado en el mundo, experimenta de nuevo el tacto con este objeto fluido, que se escapa, que produce frío o calor, que excita y relaja. El agua está en casa, sale del grifo y se esconde en la nevera; en la calle, brota de las fuentes; pero donde uno puede realmente tocar el agua es en la naturaleza y en esos estanques artificiales y domésticos que son las piscinas. Ahí, el niño se zambulle entero. El gozo es completo.
Visitar las orillas es regresar a los lugares en los que vivimos estos momentos. Es merendar una magdalena de Proust. La orilla trae recuerdos, reaviva sensaciones, nos devuelve a nosotros mismos en otro tiempo.

El termómetro
No todas las orillas son iguales. Es común asociarlas con el calor, con ciertas rutinas veraniegas. Pero en otras geografías, en otros climas, la orilla se transforma drásticamente según la época del año. El termómetro marca debajo de cero. El agua hiela. Era transparente, se vuelve opaca; era líquida se vuelve sólida. El paisaje se vuelve otro, las prácticas cambian y las sensaciones son distintas.

El paso del tiempo
El agua fluye, se escurre, como el tiempo. El agua simboliza este reloj que nunca se estropea y recuerda al hombre su finitud. No se puede detener el efecto del tiempo. Todo nace y perece. Todo pasa y cambia, las cosas y los seres.
“Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río” escribió el filósofo griego Heráclito. El río —que no deja de ser el mismo río— ha cambiado casi por completo, así como el bañista.

El límite, la otra orilla
La orilla es esta franja donde acaba la tierra y empieza el agua. Principio y fin, es un territorio límite. Es un lugar de donde se parte. Hombres y mujeres se suben a los barcos que salen para no retornar. El exilio. Las orillas también devuelven objetos variados, botellas en la mayoría de los casos sin mensaje, animales muertos y árboles procedentes de otras tierras. Los mares y los ríos nos devuelven lo que desechamos. En la orilla, ocurren experiencias extremas, radicales. Por ello, cruzar hacia la otra orilla significa dejar atrás la vida y dirigirse hacia la muerte, hacia la orilla que se avista desde nuestra orilla pero que no se conoce hasta que no se llegue a ella.

MAPAMUNDISTAS’10 propone un viaje a la orilla, un viaje exterior e interior por medio del arte. Para que la experiencia sea intensa, se requiere mojarse.

Alexandra Baurès
Comisaria